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La visibilidad es muy buena durante todo el año, pudiendo calificar de cristalinas sus aguas durante los
meses invernales. Debido a esto y a la gran luminosidad habitual en la zona, los fondos están
colonizados por praderas de posidonia que se extienden a profundidades más allá de los 25 metros.
La abrupta orografía de la isla, principalmente en su zona norte, rodeada de acantilados de decenas de
metros horadados por la furia desatada del mar durante siglos, nos proporciona la posibilidad de
explorar sus abundantes cuevas y grutas. En ellas encuentra cobijo la fauna más representativa del
lugar, entre la que destacan distintas especies de crustáceos.
Sus pecios repartidos por las aguas de toda la isla constituyen uno más de los atractivos para la gran
comunidad de buceadores que nos sumergimos en sus aguas cada año.
En los fondos rocosos, arenosos y las zonas tapizadas por la posidonia, continúa habiendo mucha vida.
Entre las especies más destacadas se encuentra el rey del Mediterráneo, el mero, aún hoy muy
abundante, así como otros parientes de la familia de los serránidos, aunque para observar ejemplares
de cierto tamaño, es necesario descender unos cuantos metros. |